El cuervo, tan listo, tan habil, se ha robado un pedazo de carne. Mientras se saborea el botin, un zorro lo acecha. Quiere comerse el trozo de carne e idea un brillante plan para que el cuervo abra el pico y suelte la carne. Este cuento demuestra que para un listo siempre hay otro mas listo, pero basta un halago para hacer caer a un vanidoso.