Al zorro y la liebre les encanta el olor de los panecillos que lleva una niña en su canasta, así que planean cómo robárselos. Luego, el zorro tratará de engañar a la liebre para quedarse con todo, pero no sabe que ella es más astuta y que terminará dándole una dolorosa lección.
En esta historia hay un duelo de inteligencia, pero también un fiel y claro retrato de uno de los mayores pecados: la gula que, si se combina con la envidia, tiene resultados terribles en quien los practica.