Virginia es una niña que ha sido sobreprotegida y, por eso, es muy asustadiza. Un día un extraño le regala una rosa, en cuyo tallo hay una espina y le advierte que tenga cuidado de no pincharse. Cierta noche, al tratar de tomar la rosa, se clava la espina y todas las cosas que le han dado miedo se convierten ahí mismo en un monstruo horroroso. Ella lo mira finamente hasta que se da cuenta de que él también tiene miedo. Así supera sus temores y nada vuelve a ser amenazador para ella.